Vistas
- Estado: Public
Pequeños adictos: del chupete al móvil
05/03/2007 14:25 | Enviado por webmaster2 | Link permanentes | Riesgos de la Telefonía MóvilFuente: GLORIA DE LA TORRE (abc.es)
Es habitual ver a niños y adolescentes jugando a la consola, hablando por el móvil, sentados durante horas delante de la televisión o conectados al messenger o internet. Estos instrumentos de ocio y comunicación pueden ser, sin embargo, armas de doble filo, sobre todo en esta época en la que hay una tendencia a las conductas adictivas en toda la población, especialmente en la más joven, y en la que los niños conviven con la tecnología desde su más tierna infancia.En Sevilla no existen muchos casos de este tipo de adicciones tecnológicas, tampoco hay programas de prevención ni tratamiento específico en este ámbito. No obstante, Manuel Orellana, director de Proyecto Hombre, comenta que han «tenido algunos casos puntuales de chavales que se enclaustraban con la televisión o la consola en su cuarto y no salían de allí en varios días nada más que para comer e ir al baño a escondidas por la noche». Un cuadro similar, agudizado al máximo, lo presenta una patología extrema que se está dando en Japón desde hace unos años, en la que, aunque influyen otros aspectos, preadolescentes se encierran en sus cuartos con el ordenador con conexión a internet y pasan entre 5 y 7 años encerrados, recibiendo la comida por una gatera.
La sociedad actual alcanza niveles de desarrollo tecnológico nunca vistos hasta ahora, y la presencia en la vida cotidiana de la tecnología se ha asimilado socialmente de forma positiva, en ningún momento se percibe como posible adicción. Los especialistas dan un toque de atención y advierten que un uso irresponsable, sobre todo a edades tempranas, puede convertirse en un problema de adicción. Sin embargo, el año pasado salieron al mercado los primeros móviles, de distintas compañías, especialmente diseñados para niños de seis años en adelante que rondan los 90 euros.
Aunque en España este tipo de trastornos no son generalizados ni están muy extendidos, en el II Congreso Multidisciplinar sobre Trastornos de la Conducta celebrado en Madrid el pasado mes de enero se lanzaron dos conclusiones que no pasan desapercibidas. El 12% de los adolescentes españoles abusa de los móviles e internet, aunque no hay datos para saber cuales derivarán en casos patológicos. Por otra parte, según los investigadores detrás de este tipo de adicciones no sólo hay factores biológicos o sociales, sino que podría haber problemas de desatención familiar. En referencia a la predisposición para Orellana es un factor más. «Los patrones sociales, culturales y familiares en los que se forma el niño tienen mucha influencia», explica. En Andalucía estas patologías están empezando a tenerse en cuenta, y aparecen ya los primeros estudios aunque en el II Plan Andaluz sobre Drogas, con vigencia desde 2002 a 2007, no se recogen las adicciones a nuevas tecnologías. No obstante, Encarnación Aguilar, directora del Centro Provincial de Drogodependencia (CPD) de Sevilla apunta que «cada vez se está empezando a tratar más este tipo de adicciones sociales y probablemente en poco tiempo se avance al respecto».
Según explica José Tenorio, psicólogo clínico del CPD, este tipo de adicciones denominadas comportamentales tienen en común características esenciales con la dependencia a determinadas sustancias, pues aunque no aparece el mono físico,«se entra en estados de depresión, irritabilidad y vacío. La adicción prevalece en la conducta de la persona, también en su escala de gratificaciones y le hace abandonar sus responsabilidades, y siente que no puede dejarlo, porque si lo hace experimenta sensación de incomodidad, tensión e inestabilidad», explica Tenorio. El concepto de adicción está ligado a la dependencia y a la necesidad, aunque lo que necesita sea dañino para la propia persona. En el caso del niño, que de por sí es inestable e impulsivo y que será con el crecimiento cuando vaya conquistando la estabilidad y el control de sus impulsos, es posible que tenga más facilidades para engancharse a la televisión, o a un videojuego, pero esta conducta es esperable y trabajable pues es un tema que se puede abordar con ellos. «No debemos caer en posiciones alarmistas. Pensar que un niño que ha tenido problemas de adicción lo más probable es que se convierta en un adicto me parece una postura temeraria. Aunque efectivamente no hay que bajar la guardia en la prevención», explica Tenorio.
Otro caso distinto sería el de niños que desde muy pronto presentasen trastornos agudizados que implicasen aislamiento, pérdida absoluta de responsabilidad, desconexión con la realidad. «Entonces sí nos estaría dando la pista de una futura personalidad dependiente, con mayor afinidad por establecer conductas adictivas», aclara Tenorio.
Entre el uso y el abuso la separación es una línea muy fina. El abuso es el primer paso a una posible adicción. Orellana puntualiza que «no se puede resumir a patrones de consumo «mucho y siempre», se puede estar enganchado tan sólo en ratos de ocio y eso supone igualmente que algo no está funcionando bien». En concreto en adolescentes las adicciones rara vez son totales.
La utilización de aparatos tecnológicos entre los más pequeños de la casa está cada vez más extendido y normalizado pero un uso inadecuado de internet, videojuegos o móviles puede tener graves consecuencias
La sociedad actual alcanza niveles de desarrollo tecnológico nunca vistos hasta ahora, y la presencia en la vida cotidiana de la tecnología se ha asimilado socialmente de forma positiva, en ningún momento se percibe como posible adicción. Los especialistas dan un toque de atención y advierten que un uso irresponsable, sobre todo a edades tempranas, puede convertirse en un problema de adicción. Sin embargo, el año pasado salieron al mercado los primeros móviles, de distintas compañías, especialmente diseñados para niños de seis años en adelante que rondan los 90 euros.
Aunque en España este tipo de trastornos no son generalizados ni están muy extendidos, en el II Congreso Multidisciplinar sobre Trastornos de la Conducta celebrado en Madrid el pasado mes de enero se lanzaron dos conclusiones que no pasan desapercibidas. El 12% de los adolescentes españoles abusa de los móviles e internet, aunque no hay datos para saber cuales derivarán en casos patológicos. Por otra parte, según los investigadores detrás de este tipo de adicciones no sólo hay factores biológicos o sociales, sino que podría haber problemas de desatención familiar. En referencia a la predisposición para Orellana es un factor más. «Los patrones sociales, culturales y familiares en los que se forma el niño tienen mucha influencia», explica. En Andalucía estas patologías están empezando a tenerse en cuenta, y aparecen ya los primeros estudios aunque en el II Plan Andaluz sobre Drogas, con vigencia desde 2002 a 2007, no se recogen las adicciones a nuevas tecnologías. No obstante, Encarnación Aguilar, directora del Centro Provincial de Drogodependencia (CPD) de Sevilla apunta que «cada vez se está empezando a tratar más este tipo de adicciones sociales y probablemente en poco tiempo se avance al respecto».
Según explica José Tenorio, psicólogo clínico del CPD, este tipo de adicciones denominadas comportamentales tienen en común características esenciales con la dependencia a determinadas sustancias, pues aunque no aparece el mono físico,«se entra en estados de depresión, irritabilidad y vacío. La adicción prevalece en la conducta de la persona, también en su escala de gratificaciones y le hace abandonar sus responsabilidades, y siente que no puede dejarlo, porque si lo hace experimenta sensación de incomodidad, tensión e inestabilidad», explica Tenorio. El concepto de adicción está ligado a la dependencia y a la necesidad, aunque lo que necesita sea dañino para la propia persona. En el caso del niño, que de por sí es inestable e impulsivo y que será con el crecimiento cuando vaya conquistando la estabilidad y el control de sus impulsos, es posible que tenga más facilidades para engancharse a la televisión, o a un videojuego, pero esta conducta es esperable y trabajable pues es un tema que se puede abordar con ellos. «No debemos caer en posiciones alarmistas. Pensar que un niño que ha tenido problemas de adicción lo más probable es que se convierta en un adicto me parece una postura temeraria. Aunque efectivamente no hay que bajar la guardia en la prevención», explica Tenorio.
Otro caso distinto sería el de niños que desde muy pronto presentasen trastornos agudizados que implicasen aislamiento, pérdida absoluta de responsabilidad, desconexión con la realidad. «Entonces sí nos estaría dando la pista de una futura personalidad dependiente, con mayor afinidad por establecer conductas adictivas», aclara Tenorio.
Entre el uso y el abuso la separación es una línea muy fina. El abuso es el primer paso a una posible adicción. Orellana puntualiza que «no se puede resumir a patrones de consumo «mucho y siempre», se puede estar enganchado tan sólo en ratos de ocio y eso supone igualmente que algo no está funcionando bien». En concreto en adolescentes las adicciones rara vez son totales.
La utilización de aparatos tecnológicos entre los más pequeños de la casa está cada vez más extendido y normalizado pero un uso inadecuado de internet, videojuegos o móviles puede tener graves consecuencias
